Nos acompaña en actividades tan cotidianas como andar en Metro o circular por las autopistas, pero también es una ayuda inestimable en los procesos de control logístico, pues permite saber exactamente la ubicación de un producto en un momento determinado y en un lugar específico.
La identificación por radiofrecuencia o Radio Frecuency Identification (RFID) es una tecnología diseñada para almacenar y recuperar datos automáticamente y de forma remota, con el fin de transmitir la identidad de un objeto mediante ondas de radio. Para ello, utiliza pequeños dispositivos o etiquetas que se adhieren al objeto que desea rastrear. Éstos envían señales de radiofrecuencia que contienen los datos de identificación de un elemento. Al pasar por un lector, este lee la información en menos de 100 milisegundos y la traspasa a la aplicación correspondiente.
Los dispositivos RFID contienen un chip que almacena la información, y una antena para transmitirla al lector. Los de formato pasivo se activan por medio de la energía que le envía el lector, como en el caso de las etiquetas de productos o la Tarjeta Bip! del Metro de Santiago. También existen en formato activo, que incluye una pila y se activan con su propia energía, como el Tag de su automóvil.
Al ser tan pequeños, los dispositivos RFID son muy portables y funcionales. La información que poseen puede ser actualizada sin necesidad de cambiar el dispositivo, y pueden ser leídos sin necesidad de contacto directo o de línea de visión. En sus diferentes formatos, simplifican tareas como el control de acceso, el seguimiento de productos en cada punto de la cadena de suministros, o los pagos por servicios. Y todo, con un simple ¡bip!
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